”¿Pero, no basta que tú seas la apariencia,
Para regocijar un corazón que rehuye la verdad?
¿Qué importa tu torpeza o tu indiferencia?
Máscara o adorno, ¡salud! Yo adoro tu beldad.”
[Charles Baudelaire, L’amour du mensonge/fragmento]
hay días, en que me gusta ser como y quien soy… pero hay otros, en que casi me detesto por ser como soy. en esos días, me gustaría ser otra; no sé si mejor o peor, solo distinta; en esos ratos, o días enteros, me gustaría huir de mí, de esa que soy y que me cuesta dejar de ser.
porque soy berrinchuda, respondona, irreverente y políticamente incorrecta; y aunque eso me enorgullece, estoy consciente que a nivel profesional ha actuado más en mi contra que a mi favor. en el mundo de ingenieros machos en el que me desenvuelvo, a los jefes no le hacen muy felices las colaboradores femeninas, pero si las tienen, su ideal son aquellas mujercitas sumisas, dóciles; casi el nauseabundo arquetípico de la “calladita se ve más bonita”. y yo soy todo lo contrario, por supuesto que trabajo duro y reviso convenios, corrijo anexos técnicos o elaboro informes y evaluaciones de resultados, que son casi un milagro (no por geniales, sino porque no hay muchos avances reales que reportar); aguanto estoicamente eternas reuniones, generalmente inservibles; o la vocación viajante del director general de mi institución, que se traduce en ene tarjetas informativas. eso y más aguanto en mi lugar de trabajo, pero ni modo que no diga nada cuando algo no me parece. y a mi jefe eso no le gusta, pues él ha hecho de la prudencia una especie de mandamiento personal, aguanta de todo, hace el trabajo de su jefe y el de otros inútiles pero bien posicionados funcionarios; todo lo hace y sin chistar… con la ayuda de nosotros, sus subalternos. pero que él sea tan agachón –como decimos en mi pueblo- no significa que yo tenga que ser igual… y ahí es donde vienen los enfrentamientos.
y luego están mis inútiles preocupaciones por cosas que no tienen solución. en verdad desearía ser igual a la mayoría de las personas que rodean y dejar de emberrincharme cada que abro un periódico, o veo –casi nunca, he de admitirlo- un fragmento noticioso televisivo. dejar de inquietarme por lo que pasa en nuestro país. y cuando me siento así –más a menudo de lo que yo quisiera-, cual un conjuro, me repito una y otra vez: ¿Chuyita qué carajos ganas preocupándote porque FECAL dice no querer privatizar PEMEX, cuando en realidad eso es lo que busca? ¿de qué te sirve enfurecer porque en México la impunidad es la marca de la casa; o porque un saldo de 4000 muertos (hasta el martes pasado), para el presidente y sus achichincles es una innegable muestra de que el gobierno federal va ganando la goliza contra el narco (Mouriño, dixit)? ¿qué ganas? nada, lo sé. no gano nada, si acaso buscarme una gastritis.
de verdad que hay ocasiones en que me gustaría ser mas despreocupada, vivir así como en el limbo, no pensar, no cuestionarme, no angustiarme, solo dejarme ir, no hacer tangos -como dice mi amiga bloguerra Jolie-. transformarme en otra, solo con cambiar de ropaje y mudarme a un lugar tan lejano y distinto, en el que todo me resulte ajeno y lo único que me importe sea degustar un buen tinto, mientras veo el mar perderse en el infinito.
hay días así, en que solo desearía huir de mí, mirar tus ojos y perderme en ellos…
Esta entrada, también en Blogger: http://melange-marichuy.blogspot.com/2008/05/huir-de-m.html

2 respuestas hasta el momento ↓
Ana Valenzuela // Mayo 27, 2008 a 12:25 am |
Querida Marichuy,
Primero, el cambio de formato me hae sentir entrar a una casa nueva.
Segundo, el ritual querida, ¿lo olvidaste?
Vestirse y hablar de cosas inutiles para ser tomada en serio.
¿Raro? Nooo es la realidad de este pais.
Esa otra realidad.
Un abrazo,
chuy77 // Mayo 27, 2008 a 1:46 am |
Ana
Amiga, si verdad siempre ando olvidando lo básico, parece que no aprendo.
este país y su realidad; lo peor es que quizá la comparta con otros,
Un beso para ti
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